Lo de Julio Iglesias en cuatro estaciones (una disertación sobre el nuevo tiempo entre mujeres y hombres)

Imagen Julio Iglesias en cuatro estaciones

ENS-Actualidad En la era del feminismo, los tratos entre hombres y mujeres deben ser igualitarios, también los más sujetos a las sutilezas de la seducción con el fin de atraer al hombre o a la mujer. Nadie debe instalarse en una pasividad que podría ser un arma de doble filo. Algo que en los tiempos de Julio Iglesias, desde  luego, era muy diferente.

El árbol y el bosque: lo de Julio Iglesias nos pone de nuevo ante la pista del cambio de época en el que estamos inmersos. Con independencia del resultado judicial del caso y de la veracidad de las denuncias, el hombre, el sexo masculino, ya no puede ir como iba por la vida. Dicho así, generalizando, puede resultar un poco injusto, porque en toda época ha habido hombres cabales que han tenido un comportamiento exquisito con las mujeres y con todos sus semejantes, pero es cierto que el machismo es una lacra ancestral incrustada en nuestra cultura, y mucho más en otras, que ha provocado abusos, maltratos y asesinatos. Lo malo de esto es que estos casos llamativos y mediáticos, denunciados a posteriori y hasta con el acusado ya fallecido, tienden a polarizar casi en términos políticos y a actuar como árboles que no dejan ver el bosque del machismo real y contrastado por las prácticas habituales de  una forma de estar en la vida en la que la mujer se llevaba siempre la peor parte.

Más allá del “Latin Lover”: lo de Julio Iglesias pone en serios aprietos la figura, tan nuestra, del conquistador latino, ese hombre moreno, atractivo y besucón que conquistaba mujeres a golpe de encanto. El Latin Lover no tiene por qué ser un abusador, es más, puede ser una gran persona, eso sí,  un mujeriego empedernido que gasta buena parte de su energía en la conquista con fines amorosos o sexuales de personas del sexo femenino. Pero en el nuevo tiempo en el que estamos este tipo humano es la víctima más propicia para ser pasto del feminismo más politizado. Con independencia del resultado final del  proceso (de momento, la causa ha sido archivada), Julio Iglesias tenía todas las papeletas para ser protagonista de una historia como la que le acorrala.  Y, sin embargo,  a veces los peores abusadores ni son latin ni lover, y van por el mundo como prudentes, educados e incluso muy feministas y muy progresistas.

Presunción de inocencia e intención  política: nadie puede ser condenado al ostracismo sin ninguna condena judicial. Nada de retirar medallas, títulos y nombramientos sin una sentencia en firme. De momento, ¿en base a qué? ¿Y si finalmente todo es mentira? La estigmatización de ciertos personajes públicos tiene también un gran rédito político en ciertos sectores. No es casual que los dos últimos, Julio Iglesias y Adolfo Suárez, sean dos símbolos clarísimos de esa España de la Transición de la que algunos reniegan totalmente. Nada más eficaz para terminar con un estado de cosas que hacer añicos la reputación de sus mitos fundacionales. Si finalmente hubiera una condena, recaería sobre él, y nada más, no sobre una época ni sobre una forma de percibir España, aunque hay segundas intenciones en el contexto del juicio mediático y la pena de telediario que van en dirección hacia la destrucción de lo político a través de representantes de un tiempo.

Cambio de roles de mujeres y hombres: lo fundamental de todo lo que está ocurriendo es darse cuenta que los tiempos han cambiado de forma vertiginosa, también en todo lo que tiene que ver en las relaciones entre hombres y mujeres. Lo más positivo es que la mujer, salvo retroceso brutal, ya no deberá ser nunca más un capricho para el hombre, una especie de prolongación de sus propiedades puesta y dispuesta en modo complacencia total, pero sí que seguirá existiendo la pulsión, el deseo y la atracción que, por norma general, tiene que ser gestionado de alguna forma. Hasta ahora todo lo que tenía que ver con el cortejo o la conquista quedaba del lado del hombre  mientras la mujer esperaba y decidía usando el coqueteo. Hay mujeres, incluso muy feministas, que siguen en ese rol “pasivo”, lo que no resulta muy adecuado si tenemos en cuenta que  todo ha cambiado y desde luego cualquier extralimitación del hombre, maltrato o no, ahora puede ser penada en parámetros judiciales. 

Javier-López @NuevoSurco

Texto publicado en los diario de Promecal