El Papa, España y la música celestial

Imagen León XIV

ENS-Actualidad El problema de España es que lo que dice el Papa se utiliza sin escrúpulos cuando se escucha, para finalmente convertirlo en “música celestial”, se oye pero no se escucha. Es una seña de identidad de un país, el nuestro, fuertemente marcado en su historia por el catolicismo pero que puede ser al mismo tiempo, o en fases sucesivas, el país más anticatólico del mundo. País caínita y de contrastes en el que católicos y anticatolicos se despellejan y utilizan los mensajes papales dependiendo a qué lado enfoquen.Y luego, además, tenemos a los independentistas catalanes, dispuestos a añadir un suplemento en ese  llevarse al Papa a su terreno. Ya vimos a Míriam Nogueras en el Congreso utilizando el inglés para decirle a León XIV que en Barcelona hable en catalán. Todo muy propio de nuestro país, muy español, mal que le pese a Nogueras y los suyos.

La visita de León XIV a España sirve para abrir un pequeño paréntesis y recordarnos los fundamentos de los mensajes importantes y con calado auténtico, esos mensajes que, vengan de donde vengan, la política en nuestro días pasa por alto y desprecia con una facilidad pasmosa. Los desprecia fuera y dentro de España. El populismo, de mayor o menor intensidad, perfila hoy una acción política entendida como una derivación mercantil en la que lo que prima es el impacto inicial y visual, la capacidad de crear relatos resultones, aunque sean falsos, y  enunciados simples al tiempo que carentes de cualquier tipo de detalle que explique qué es lo que realmente se quiere hacer. Más bien un catálogo de buenas intenciones que los electores consumen con gusto si se ajusta a la preferencia de cada cual.

Lo que propone el Papa lo  hemos escuchado estos días  en el Congreso de los Diputados: la persona humana como eje de cualquier decisión, la grandeza moral de una nación que se mide por la protección  que presta a los más débiles, el respeto a la vida, la justicia como norte de la economía. En realidad, es un marco de actuación que podría servir  para una especie de constitución con validez universal y que cada uno podría adornar con la identidad propia. Son cargas de profundidad, lo que hoy no se tiene en cuenta en una política dominada por el corto plazo, el regate para salvar el momento, la mentira, la corrupción y la vanidad. Los discursos y las encíclicas del Papa, de León XIV y de sus antecesores, al menos desde el final de la Segunda Guerra Mundial a nuestros días, se usan desde la política de una forma parcial. Resaltando lo que conviene a unos intereses partidistas y ocultando lo que estorba. Tenemos el caso de Juan Pablo II, el Papa que contribuyó decisivamente a terminar con el comunismo, y es verdad, pero cuyas críticas al capitalismo eran especialmente explicitas, también recogidas en encíclicas de gran calado.  Cada uno tomaba de sus mensajes las partes que más le convenían. No es algo nuevo propio del Pontificado actual.

Son argumentos de tipo transversal, un enmarcado humanista valido para muchos, y acusador para todos, por más que vengan envueltos en una diplomacia, a veces excesiva, para no molestar demasiado. La famosa “diplomacia vaticana” también se manifiesta en quitarle espinas a las alocuciones papales.  El Papa Francisco fue el que quiso restarle retórica y darle más tono coloquial a la forma de hablar, aunque el argentino, con algunos matices importantes, no decía nada que no estuviera en la doctrina de la Iglesia. Lo que sí que hizo, y ahora se puede echar de menos, es decirnos lo de siempre con un tono y unas formas muy desconocidas.

El caso es que el Papa se irá de su visita a España dejando un montón de imágenes históricas y un país desvencijado en un momento de enfrentamiento que hace recordar nuestras peores épocas por más que nos repitamos que ahora es distinto y que nada volverá a ser igual. León XIV se ha encontrado con la España de siempre, sin solución, sin posibilidad de entendimiento, parece. Habría que decirle a León XIV que gracias por recordarnos lo importante, pero que tenga en cuenta que cuando su avión despegue rumbo a Roma aquí, en esta vieja piel de toro, ya estaremos otra vez a lo nuestro, tirándonos los trastos a la cabeza como casi siempre, con ahínco y sin límites.

@NuevoSurco

Texto publicado en los diarios del grupo Promecal