Los pueblos son para el verano (y para el invierno)
ENS-Llena De Vida/Rural
La que les voy a contar es una queja habitual en algunas de las zonas despobladas que se llenan en verano y en invierno la vida retorna por donde solía, es decir, por los senderos de la soledad y la falta de expectativas. Son zonas maravillosas como, pongamos por ejemplo, nuestro Alto Tajo cuyos pueblos triplican y cuadriplican población en el periodo estival, en algunos casos. Los que queremos que la despoblación en España sea un problema que pueda ser resuelto, a pesar de ser una tarea titánica, siempre incidimos en que los pueblos necesitan vida en invierno para poder seguir adelante, pero, ojo, no se puede rechazar el motor que supone la época estival. A nadie le amarga un dulce. Que se lo digan a Brihuega con su lavanda.
Lo cierto es que el nuevo mundo rural nada tiene que ver con lo que conocimos los que nacimos en los años setenta y ochenta, tampoco los veranos. También los veranos ahora son distintos, aunque siga habiendo personas, sobre todo mayores, sentándose a tomar la fresca en las puertas de las casas, pero junto a ellos hay una banda de niños conectados a su móvil mirándose entre ellos más bien poco y menos aún al entorno que les rodea. Igualmente es posible que por allí ande algún nómada digital rural, cada vez más numerosos, esas personas superconectadas que, sin embargo, eligen un entorno rural para realizar su vida en una opción híbrida donde se trabaja en lo urbano desde lo rural. El ordenador es la herramienta necesaria e imprescindible. Lo hibrido es una nota característica de algunas de las personas que eligen ahora los pueblos. En el mundo rural cada vez existen menos personas de pueblo, tal y como las hemos conocido, y más personas de nuevo cuño que viven a caballo entre lo urbano y lo rural y mezclan ambas influencias en sus formas de estar. Hay agricultores y ganaderos, sí, pero también bohemios, emprendedores con ideas luminosas, profesores universitarios jubilados, jóvenes que buscan una nueva expectativa en el lugar que un día sus padres dejaron en busca de una oportunidad en la ciudad.
Los nuevos habitantes del mundo rural ofrecen un cuadro de lo más variopinto y lleno de matices. Se dijo en aquella obra de teatro de Fernando Fernán Gómez que “las bicicletas son para el verano”, y se asociaba este enunciado a lo rural y uno se veía y se disfrutaba dando pedaladas en aquel pueblo que siempre se tiene como referencia por nuestras raíces y vivencias. Ahora podríamos decir que los pueblos son para el verano. Lo rural se puso de moda con la irrupción de la pandemia. La gente volvió la vista a los pueblos como un gran remedio y válvula de escape ante una ambiente tan toxico y contaminado. ¿Qué ha quedado de todo eso? Algo, aunque no tanto como llegaron a esperar los más optimistas. Es vedad que a raíz del covid se ha extendido el teletrabajo y este se desarrolla en entornos rurales con frecuencia. Conectados a lo urbano desde lo rural es un concepto muy en boga, y también especialmente en verano.
Los pueblos como las bicicletas son para el verano, pero hay que darles vida todo el año. Requieren mantenimiento, cariño e inversiones. Y además, es bueno montar en ellas en verano, invierno, primavera y otoño. Esa puede ser la conclusión más importante en medio de este verano de 2025 en el que lo rural se consolida ya como un gran reclamo para un mundo urbano que no va a dejar de ser urbano pero que encuentra en el pueblo de toda la vida, antes relegado en favor de la costa o de destinos exóticos, una opción de descanso muy a tener en cuenta. No hay más que ver el nivel en el que se encuentran las cifras de turismo interior. Lo importante, al final, es que sepamos mirar al mundo rural tal y como es hoy, no como era antes ni como a nosotros nos gustaría que fuera. Esa mirada nueva sobre la ruralidad es fundamental para hacer el diagnóstico correcto cuando nos hablan de la despoblación, aquello de que en España el noventa por ciento de la población vive concentrada en el treinta por ciento del territorio. Hay municipios donde la realidad queda muy maquillada en verano, tan maquillada que hay comarcas que se desbordan pero ven como a partir de septiembre el vaciamiento es tan profundo e intenso que no les queda otra que esperar al próximo verano para revivir y llenarse de vida incluso más allá de lo aconsejable, como se monta en la bicicleta para luego quedar aparcada hasta el siguiente estío.
Javier-López
@Nuevosurco
Texto publicado en los diarios del grupo Promecal