Las gafas de Sánchez: mirando de lejos

Imagen las gafas de Sánchez

ENS-Política  Hay que ponerse gafas “de lejos” para mirar a Sánchez con acierto.  Con su atornillamiento pertinaz en las cosas del poder, nos provoca una tremenda sensación de vista cansada. Las resistencias obsesivas siempre provocan esa sensación en quien lo mira desde fuera. En este caso hay una resistencia a abandonar el poder trufada de contradicciones, mentiras, medias verdades y manipulaciones, por no hablar de los incumplimientos escandalosos de la palabra dada. 

Pedro Sánchez se presentó en la comisión Koldo con una gafas vintage muy a la moda que le sirvieron para distraer la atención y quitarse a los moscones de encima. Los interrogadores no estuvieron demasiado finos.  Realmente el papel de los grupos de la oposición no pasó de ser el de mosca cojonera, pero no hubo acierto en el interrogatorio y ni un resultado vistoso que llevarse a la sala de trofeos. Siendo generosos podríamos decir que el partido quedó en tablas. Depende desde donde se mire. Si lo mirabas ese mismo día, de cerca.  veías un presidente del Gobierno desenvolviéndose bien y con solvencia. Si lo miras con la frialdad retrospectiva del día después, de lejos, lo que ves es la puesta en escena de un gran simulador empeñado en resistir, resistir y resistir. 

La anomalía, como ya sabemos, es que tenemos a un presidente del Gobierno cercado por varios asuntos turbios, bajo lupa judicial, que implican directamente por lo menos a sus dos secretarios de Organización, personas de su máxima confianza, quienes le facilitaron el camino de manera determinante para que él esté en ese puesto que se resiste abandonar. Solamente con eso bastaría para asumir responsabilidades políticas, si quiera por el fallo en la vigilancia de aquello de uno depende. 

Pero la mayor anomalía es que tenemos al frente del Gobierno a un hombre sin proyecto que no ha aprobado unos presupuestos en toda la legislatura.  Los últimos ratificados por el Congreso son de diciembre de 2022.  Así que los casos bajo la lupa de la Justicia y el incumplimiento constitucional de presentar unas cuantas públicas anuales son el contexto sobre el que hay que analizar cualquier comparecencia de Sánchez ente una comisión parlamentaria,  porque si prescindimos de ese contexto imprescindible para entenderlo todo,  lo normal es dejarte deslumbrar por la habilidad colosal del personaje facilitada esta vez por el hacer deficiente de los interrogadores que estuvieron en general bastante lejos del acierto en la forma de plantear el interrogatorio.

La pericia con la que Pedro Sánchez manejaba esas gafas vintage que nunca le habíamos visto son le mejor prueba de cómo el presidente del Gobierno es capaz de hacer maniobras dilatorias, siempre en busca de momentos oportunos para volver a ganar o para que la derrota sea lo más dulce posible. Unas gafas lo suficientemente llamativas, pero también los suficientemente prescindibles, como  para que convertirlas en una pura distracción. Sánchez distrae el tiempo sabiendo que todo es posible, tan posible como llevar ocho años al frente del país sin haber sido nunca el candidato más votado por los ciudadanos, siempre a base de aritméticas parlamentarias extrañas y quebradizas que nacen de una chistera donde es posible cualquier tipo de transacción. Y seguir, a pesar de que esa aritmética ni siquiera exprese ya una mayoría parlamentaria, como ocurre ahora tras la ruptura con Puigdemont. Una gran simulación, seguramente la mayor a la que hemos asistido en la historia reciente de España. Solamente es posible contemplarla con lentes para ver “de lejos”. De lo contario, sería fácil perder la perspectiva y terminar siendo víctimas del hastío o la confusión total ante tanto requiebro increíble.