Voto en blanco e izquierda en negro

Imagen voto en blanco

ENS-Política La opción del voto en blanco es una manera bastante sana de mostrar vocación democrática y participativa al tiempo que señalar la discrepancia radical con todo lo que se nos ofrece. En las últimas elecciones generales, las de 2023, el voto en blanco fue del 0.8 por ciento. ¿Imaginan que ese porcentaje superara el cincuenta por ciento?. Por supuesto, es una utopía, pero sería una forma demoledora, eficaz y directa de hacer una enmienda a la totalidad de forma pacífica. La victoria del voto en blanco sería algo así como la revolución pendiente, la que nunca se llegó a ver, sin derramamiento de sangre, sin demagogos ni populistas, sin gritos.  José Saramago, que era muy de izquierdas, trazó un relato de política ficción en torno al triunfo del voto en blanco en una elecciones municipales: “Ensayo sobre la lucidez” (2004), el título ya expresa la reflexión final de la obra.

Los últimos tiempos en el prolífico y poliédrico universo de nuestra izquierda están siendo de traca, justamente la que inició Felipe González diciendo que él no votará al PSOE si el cabeza de la candidatura es Pedro Sánchez. Ruptura total, el puente ha quedado hecho añicos, no hay más que hablar. A Felipe González, que siempre fue un socialista moderado, se le puede discutir cuánto de izquierdista tiene hoy, y me parece un debate legitimo. Pero lo que no se le puede negar es el derecho a opinar y representar la época más exitosa del socialismo español de las últimas décadas, es más, la autoría en  fundación o refundación del PSOE tal y cómo lo hemos conocido en este tiempo moderno de España. Palabras mayores. En cambio, hay actuales dirigentes del PSOE de Sánchez, convertidos descaradamente ya en la voz de su amo, que sí que se lo niegan, le desprecian y se mofan.

Felipe González se apunta al voto en blanco. Puede haber casos en los que esta opción sea la respuesta a una izquierda en negro, es decir, una muestra de lucidez. Ignoro si ese es el caso de González. Me limito a reivindicar su derecho a expresar su discrepancia y al respeto que merece. Porque parece que el PSOE se ha convertido ultimamente en una cajita cerrada y restringida donde apenas entra la luz del día. La discrepancia es castigada severamente, incluso después de muerto. Así le ha ocurrido a Javier Lambán, el que fuera referencia y líder del socialismo aragonés, hoy denostado y despreciado por el aparato del partido hasta el punto de culparle de los malos resultados  en Aragón. Es difícil que la villanía pueda llegar más lejos. Oscar López, que profesa el sanchismo con el ímpetu del converso, ha sido capaz de eso.

En este PSOE la batuta la lleva un hombre al que parece darle igual que todo se hunda bajo sus pies si él puede seguir amarrado a alguna tabla de salvación. Solamente un adelanto de las elecciones que permita a los españoles expresar su opinión sobre Sánchez, impediría que esa opinión se exprese, desenfocada, en una papeleta autonómica con el membrete del puño y la rosa. Felipe  González dice que su sobre irá vacío, que es como van los votos en blanco, que suelen tener el valor de expresar un anhelo y una esperanza más que la resignación de la abstención o el resentimiento del voto nulo. La izquierda descontenta tiene esa opción en las elecciones generales, el voto en blanco frente a una izquierda en negro.

Javier-López @NuevoSurco

Texto publicado en los diarios del grupo Promecal