María Pacheco: Castilla en femenino
ENS-Historia María Pacheco ya tiene su reconocimiento en forma de estatua en el casco antiguo de Toledo. Ella es la reivindicación de Castilla en femenino, es más, junto a Juan de Padilla, ponen el sello toledano de esa rebelión de las Comunidades de Castilla, conocida como revuelta de los comuneros, que se inicia en abril de 1520 con el levantamiento de Toledo. Un hito más en la contribución fundamental de Toledo a la configuración de Castilla desde la conquista de la ciudad por Alfonso VI en 1085.
Con María Pacheco se reivindica el empoderamiento de la mujer en momentos muy distintos a los actuales en los que el feminismo como tal no existía pero sí la pulsión, consustancial al ser humano, de hacer valer lo que pretende ser oscurecido u opacado. El latido de la mujer empoderada siempre ha estado presente y ha estallado hasta cuando ha tenido que superar muros casi infranqueables. El ejemplo de María Pacheco, “la última comunera”, que continúo con la lucha cuando todo estaba perdido es un claro ejemplo del poder rector de mujeres insignes a lo largo de la historia, y en España de forma contundente con ejemplos muy significativos. María Pacheco es el vértice femenino e indómito de una Castilla en armas que quiere hacer valer su papel central en la construcción de una de las naciones más importantes de la historia.
No deberíamos perder nunca de vista una visión amplia de Castilla, aunque el territorio histórico del Reino de Castilla esté ahora dividido en cinco comunidades autónomas: las dos Castillas, Madrid, la Rioja y Cantabria. Me refiero a aquello de “desde Santander a Puertollano, todo es campo castellano”. Los comuneros lo tuvieron presente. Reducir lo genuino castellano a Burgos, sobre todo, y las provincias del norte, ahora integradas en Castilla y León, es tan reduccionista e incorrecto como pretender que toda España es una suerte de prolongación, a veces muy problemática, de lo castellano. No en vano Castilla tuvo dos claves de bóveda: Burgos y Toledo. Así quedaba de manifiesto en la rivalidad de las dos ciudades por la preminencia dentro de las Cortes castellanas. Si Burgos era la madre y el alma, Toledo, por su historia imponente desde la capitalidad de la España visigoda, y su poder cultural y eclesiástico, era el corazón y el motor de aquella Castilla histórica. Burgos y Toledo, el Norte y el Sur de una región sin la que no se puede entender la construcción de España y de todo el mundo hispánico.
En ese contexto es en el que se incrusta la figura emblemática de María Pacheco, la "leona de Castilla”, que por fin tiene su reconocimiento en Toledo. La revolucionaria comunera nació en Granada en el seno de una familia acomodada y poderosa: los Mendoza. Recibió una educación excelente, caso rarísimo en aquel siglo; sabía latín, matemáticas, historia y política. Junto con su marido, Juan de Padilla, residieron en Toledo, y lo más llamativo en su historia épica es que se negó a rendirse cuando ya había capitulado buena parte de Castilla ante el poderío del emperador Carlos V. De hecho, gobernó Toledo durante varios meses, controlando la defensa, movilizando a los ciudadanos, controlando la artillería y negociando con todos los estamentos sociales. En 1522, tras larga y feroz resistencia, tuvo que rendirse y huir a Portugal. Su marido, junto a Bravo y Maldonado, había sido decapitado en Villalar. María Pacheco murió en Oporto en 1531 sin poder regresar a Castilla por la condena a muerte que pesaba sobre ella. Murió pobre y con un rastro de heroicidad gigantesca con el que ha pasado a la historia. María Pacheco es la rebelión comunera en femenino y la reivindicación de Castilla más allá de las decapitaciones de Villalar, la tierra que de tanto darse llegó a olvidarse de sí misma.
Javier-López @NuevoSurco
Texto publicado en los diarios del grupo Promecal